lunes, 2 de junio de 2014

Taso-plenitud.

    Si a finales de enero reviví, no fue para simplemente vivir. Fue para disfrutar cada una de esas cinco letras, y más allá. Reviví para ser. ¿Y qué mejor ser que feliz?

    Hoy, 128 días después, me confieso así. Feliz, plena y tranquila.

    Sí es verdad que sigo odiando Miami, pero me encuentro aceptándola y me obligo a volver sanamente. Sí es cierto que siempre me gustó el pelo rizado en los hombres, pero también que mi primer amor fue Zidane. Sigo afirmando que lo mejor en un caballero es la buena ortografia, pero la adquisición de su lecto-escritura fue en inglés, y por eso le perdono las faltas en su redacción. No he cambiado mis chistes obscenos, ni la forma de vestir, él complementa mis comentarios y me mira las nalgas a través de mis hot pants. Me mantengo firme en mi poco cariño a la filosofía y a la economia, pero también sonrio con orgullo al decir que estudió ambas carreras.

   Sigo siendo la misma. Pero feliz. Hice las paces con mis disgustos, y hasta gustos, para estar tranquila y disfrutar de absolutamente todo lo que me rodea.


   ... Y no saben lo rico que se siente esa paz. 

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